la carta que nunca entregué.
Me gusta hablar contigo, porque hablar contigo es diferente. Porque a veces te vas de los temas y no volvemos más. Me gusta cuando haces esos juicios absolutos y después dices que has cambiado tu perspectiva con el tiempo. Me gusta que no te arrepientas de lo que has hecho, que sepas que hiciste lo que se te dio la gana. Me gusta la voz que tienes. Me gusta la dulzura con la que me explicas las cosas de las que yo no tengo idea. Me gusta que camines tan derecha y que manejes el arte de caminar con tacos. Me gusta que por la noche parezcas más despierta que todos. Me gusta como relatas la forma en que cocinas las cosas. Me gusta el estuche que me hiciste, me gusta decir que me lo hiciste tú. Me gustan tus zapatos y tus jeans que crees que no te quedan. Me gusta sentir que me pongo nervioso y algo atorado cuando hablo contigo, porque no me pasa nunca. Me gusta estar ahora mirando esto que hago, y preguntarme si estará bien. No sentir esa seguridad absoluta, torpe y peligrosa de creer que siempre hago lo correcto. No saber si está bien, pero saber que estoy siendo honesto, maduro y directo por primera vez con una chica. Me gusta tu altura, tu frente, tus uñas. Me gusta que conozcas el mundo y que tengas hambre por la madrugada. Me gusta que te levantes tarde y que tengas tu propio y pequeño mundo tuyo. Me gusta mirarte y que no te des cuenta, imaginarme que no sabes que te estoy mirando. Me maravillo cuando cantas bajito y te da vergüenza. Me fascino con tus labios, los miro y siento que son ellos los que hablan cuando no dices nada. Tus ojos y el color de tus párpados, el silencio cuando no estás de acuerdo. Me gusta cómo te vistes, me gusta que de pronto uses aros y que combines tan bien los colores. Me gusta que entiendas que el sushi es una moda y que la gente no entiende bien lo que come. Me gusta que hagas salsa de tomates por kilo, que te guste la comida agridulce. Me gusta sólo poder acercarme a ti con palabras, esperar que aparezcas y de repente estar contigo. Me gusta saber que lo que me levanta de ti es saber que no puedo tenerte hoy. Y eso me hace entender que de verdad me gustas. Saber que toma tiempo. Saber que no sé nada de ti, de lo que piensas. Saber que estás lejos de venir y cerca de quedarte allá. Saber, al final, que sabiendo todo lo que sé, tomo la decisión consciente de esperar unos minutos más para saber si apareces.

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